La Mutación

por: C. Waselevsky

A medida que mi ser adquiere experiencia, también se va desentendiendo con la realidad.

De repente  los recursos de este mundo dejaron de satisfacerme biológicamente, respirar se me hacía cada vez más difícil, como si el aire en vez de alentarme, en realidad me envenenaba. Esto fue atrofiando mi cuerpo y consecuentemente, mi percepción. Solo era capaz de realizar  movimientos torpes que me hacían caer al suelo una y otra vez, hasta que el suelo no me soltó más. Una desesperante parálisis se apoderaba de mis miembros. Parecía que los ojos y oídos me iban a sangrar a causa de la enorme presión que sentía en la cabeza. Todos mis sistemas vitales disminuyeron sus funciones al mínimo pero sin dejarme morir.

Por momentos, fragmentos de imágenes azotaban de forma violenta mi imaginación, extendiendo ante mí paisajes difusos en los que figuras inquietas se movilizaban a gran velocidad. Día tras día espectrales seres me visitaron y atacaron mi mente, revelando pedazo a pedazo las más fantásticas escenas. Cada vez que estas visiones llegaban a mí, mis entumecidos músculos comenzaban a relajarse, el oxígeno volvía a llenar mis pulmones y mis sentidos también funcionaban con normalidad de nuevo, lo cual más o menos me tranquilizaba.

 Poco a poco, la rigidez que me apresaba fue cediendo y fui dueño de mi otra vez, casi podía oír a mi cuerpo gritar implorándome descanso, pero con algún esfuerzo logré incorporarme. La calidad de la luz bajo la que me encontraba era terrible sin embargo era suficiente como para darme cuenta que ya no estaba en ningún lugar conocido. Baje la mirada hacia a mí mismo para asegurarme que mis articulaciones funcionaban correctamente y en ese momento  aquella sensación de bienestar cambió ya que creí ver como algo se movía bajo la piel de mi mano izquierda y desaparecía bajo la manga, me quité la camisa de un tirón para seguir su movimiento, pero no solo encontré una, sino miles de protuberancias retorciéndose bajo mi piel, movilizándose a través de las venas, hinchándolas, resaltándolas de manera varicosa.

Cuando estuvieron lo suficientemente gordas de podredumbre, cada parásito que invadió mi organismo se  retiró, ulcerando mi piel a su paso, y a la vez dejándome inmune frente a cualquier otro intento de infección.

No imaginaba que lo que mi mente entendía como enfermedad, en realidad era una especie de preparación; mi cuerpo comenzaba  a adaptarse a otro tipo de ambiente.  Pequeñas mutaciones aparecían por todo mi cuerpo, deformándome por dentro y por fuera.

Al parecer la luz opaca en la que me encontraba se debía a que a había llegado en la madrugada porque en ese momento el sol comenzó a iluminarlo todo con un brillo que yo nunca había visto, exponiéndome el mundo al que había sido introducido.
Este lugar no era tan diferente del que provenía en cuanto a que poseía una atmosfera y tierra, la verdad hasta parecían la mismas. No, la única diferencia entre este y aquel lugar era la vida que albergaba, muy extraña y fascinante. Todo parecía estar vivo aquí, el suelo, el viento, incluso el cielo habitado por cuerpos gigantes de perceptible inteligencia cargados a su vez con fuerzas de inmensa e indescriptible magnitud, capaces de moldear a su antojo cualquier cosa que entrara en contacto con ellas.

También me encontré con otros individuos en proceso de transformación, traídos tal vez por los mismos medios que a mí, aún se podía distinguir rasgos de la persona que alguna vez fueron, me acerque a ellos con curiosidad notando como su transmutación difería de la mía; su formación era mucho más estilizada. Las modificaciones eran únicas en cada uno, no se repetían en ninguno. Esto me hizo pensar que quizás cada quien controlaba sus propias mutaciones, consciente y/o inconscientemente; todos preparándose para atormentar e infectar a otras personas de un mundo pasado con el germen de su influencia (a semejanza de nuestros espectros transportadores) convirtiéndose en seres de diversas naturalezas con alto grado de sofisticación.

Pero yo no estaba hecho como ellos, siendo mi formación más modesta igualmente era desapercibida, tal vez porque mi mente jamás se cruzó la idea de volver a aquel mundo, más bien estaba preparado para explorar el nuevo cosmos, crear otros dentro de éste y perderme en ellos.  

Mientras, en el cielo aparecen nuevos gigantes cuya familiar presencia carga de mucha más intensidad al ambiente, acelerando la adaptación de los mutantes y estos a su vez lo aprovechan para darle nuevas formas a las cosas, ayudando a expandir este mundo. 

Pronto estuvo lista una nueva generación de monstruos, inspirada en grandes y elevados flujos de pensamiento creador.


FIN

EL TRAJE GARABATO _por: C.W.

“Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación.”
Franz Kafka.

A todos se nos advierte en algún momento de curiosidad sobre los peligros que acechan
afuera y siendo mi tormento toda forma de tedio, riña o detención, tomo todas mis
precauciones antes de salir a reunirme con sus contrapartes.

Con la ayuda de mi máquina de coser me dispongo a confeccionar un traje. Monstruosamente
lo diseño. Puntada tras puntada, los hilos a base de tinta van uniendo los pedazos de tela.
Dicho atuendo será en primera instancia capaz de ahuyentar a los que se acerquen con mala
intención como advertencia de que se porta una peor.

Ocurrencias de esta clase se conciben al errar. Imposible hacer más estando intranquilo.
Es una forma –para mí la única- en que la cortesía y belleza de las cosas se hace evidente, cito
como ejemplo a la ventana de mi habitación, ésta cortésmente me muestra el exterior, ahí se
me presenta un bellísimo árbol que aunque el clima le ha arrebatado sus hojas, la frondosidad
de sus ramas es lo suficientemente espesa para borrar gran parte de la vista de otro edificio no
más feo que el que actualmente resido. Así, basándome en este hecho termino mi ropaje y de
inmediato procedo a vestirme, luego me aproximo hasta la puerta y salgo.

II
Porque el no frente al sí, no es precisamente lo que anima, me alejo de aquel complejo
inhabitable. A mi paso millones de líneas son secretadas por mi traje, estas se cruzan y
entrecruzan a imitación de las ramas de aquel árbol, formando pronto una espesa maraña que
al posarse sobre lo dejado, opaca tan indeseable paisaje.

Mientras, sigo andando, con la mancha expansiva tapizando otros lugares. Ya mostrándome
el mensaje es claro, permitiéndoseme avanzar de manera sosegada –algo extrínseco en mí-
por un buen tramo del camino. No obstante, es penoso el anunciar la presencia del necio que
no falta. De naturaleza entrometida formalmente se acerca a saber y pellizcando la tela de mi
ropa, afirma su derecho a inquirir:

-“¿Por qué usas un disfraz? No es muy apropiado.”- pregunta.

Puesto que enterado estoy de lo que esconde su curiosidad, no pretendo convencer, por lo
que removiendo su mano de encima, me limito a esclarecer:

-“De disfraz no tiene nada, es más bien un traje y tan apropiado es como cualquier otro.”-
respondo.

A lo que agrega más, esta vez advirtiendo un posible fallo, pero es entonces cuando la
conversación se torna aburrida y dejo de escuchar, pues la bruma garabato lo ha alcanzado,
evaporando su figura.

Con eso último delimito su espacio del mío y dibujo en mi una nueva forma – ya no una
que espanta sino otra que ilustra- emergiendo de la negra espesura por la que también fui
cubierto. Mi dirección a través de este entorno incipiente finalmente me concentra en algo
distinto a borrar.

III
Todo por cuanto soy muy hondo subyace, es de esas entrañas de las que me debo nutrir.
Como habitante abisal proyecto mi sebo en su búsqueda, para engullir todo lo que pueda
sumar a mi saber. Mientras más lo hago mejor me preparo para la siguiente muda.

Por este espacio me muevo y es seguro que desde afuera no ha de parecer más que un sucio
borrón, una mancha en la cual se encierra una mente estéril cuya presencia solo defiende
insensatez. Tal vez sea este el fallo del que fui advertido, más esa propiedad aislante del
tejido no es la más relevante de mis intenciones, eso es solo indiferencia mía por ofrecer un
beneficio comunal.

Por este espacio me muevo y de mi traje siguen brotando diseños. Esta vez las fibras se
entrelazan para construir una red, tal como la ideada por las arañas. Influenciado por estas
criaturas construyo mi supervivencia, materializo mi pensar, destruyo mis tormentos.
Con la estructura levantada escalo hacia el centro de la misma, ahí me permito reposar hasta
dejar una exuvia arácnida atrás y esta mi segunda piel cambie de nuevo.

FIN